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La ciudad y sus pobladores
Santa Fe fue una ciudad planificada desde su inicio. El acta
fundacional hace referencia explícita a una traza o
plano de la ciudad que sirvió de padrón para
la adjudicación de los solares. Sin embargo, el plano
trazado por Garay se perdió durante la época
colonial y con él aparentemente toda documentación
gráfica de la distribución física de
la ciudad. Debieron transcurrir cerca de tres siglos para
que la evidencia arqueológica de las Ruinas de Santa
Fe la Vieja la identificaran como la primera ciudad planificada
del Río de la Plata.
Garay repartió personalmente los solares y determinó
la distribución de chacras y de suertes de estancias.
El plano de la ciudad siguió el trazado de cuadrícula
introducido en América por la praxis conquistadora
y fundacional española. Es probable que para dar traza
a Santa Fe, Garay se guiara por los ejemplos prácticos
de otras ciudades ya fundadas como Lima (1535). El reparto
de cada solar, equivalente a la cuarta parte de una cuadra
o manzana dividida en cruz, fue hecho con verdadero sentido
económico y estratégico.
Pocos son los índices demográficos que se tienen
de la vieja ciudad, comenzando por los nueve españoles
y más de setenta mestizos paraguayos que acompañaron
a Garay en 1573. El primer dato censal corresponde a 1622
cuando el Gobernador Diego de Góngora empadrona 126
vecinos, o sea, alrededor de 900 habitantes. Para mediados
de aquel siglo, el número de habitantes puede estimarse
entre 1.500 y 2.000.
Los pobladores conformaron una sociedad de gran diversidad
étnica y cultural, compuesta de españoles europeos,
criollos, mestizos, aborígenes locales y procedentes
del área paraguaya (guaraníes) y africanos incorporados
como esclavos. Cada uno de estos grupos aportó rasgos
de su propia cultura y orígenes en la configuración
de la sociedad santafesina.
La
mudanza de la ciudad
La elección del sitio para fundar la ciudad había
sido objeto de especial cuidado por parte de Garay. La costa
occidental del Paraná garantizaba abundante caza y
pesca; en un documento de 1576 se declara que Santa Fe está
ubicada y edificada en lugar muy bueno, sano y fértil,
añadiéndose que en torno de ella en el río
hay grandes pesquerías y cazas. El emplazamiento se
destacaba además por la elevación del terreno,
propia del albardón costero.
Sin embargo, a mediados del siglo XVII se pusieron en evidencia
algunas desventajas. La presión de aborígenes
sobre la frontera, la interrupción de los caminos en
tiempos de creciente y la erosión de la barranca provocada
por el río, motivaron que el Cabildo decidiera el traslado
de la ciudad a otro lugar que asegurara su futuro.
El 21 de abril de 1649, el procurador de la ciudad presentó
al Cabildo una petición planteando el problema. Al
año siguiente el Visitador General Andrés Garavito
de León autorizó el traslado y el 5 de octubre
del mismo año el Cabildo resolvió su ejecución.
El traslado de la ciudad requería previa autorización
real, aprobación que no se produjo sino hasta después
de efectuado el traslado. Una Real Cédula de la Reina
Gobernadora fechada en Madrid el 6 de mayo de 1670 dio por
bien hecha y confirmada la mudanza.
Cayastá
y el siglo XIX
Luego del traslado de Santa Fe, en 1698 las tierras que habían
sido del ejido y la traza fundacional fueron otorgadas por
merced del Cabildo a Antonio Márquez Montiel. Cien
años más tarde, en 1784, a las inmediaciones
del lugar se trasladó la reducción de Concepción
de Cayastá. Aunque la reducción desapareció
en la década de 1820, el topónimo perduró
desde entonces en ese lugar.
En 1867 el gobierno de la Provincia firmó un contrato
de colonización con el conde Tessières de Bois
Bertrand y dispuso la fundación de un pueblo en las
cercanías del lugar denominado El Pueblo Viejo. El
sitio de la vieja Santa Fe fue adjudicado como chacras de
colonos y el pueblo de Cayastá se trazó un kilómetro
al norte.
En 1923, en una loma que estaba junto al río San Javier
y que se había formado por el derrumbe de las construcciones
de Santa Fe la Vieja, el gobernador Enrique Mosca hizo levantar
un monolito y colocó una placa en homenaje a Juan de
Garay y demás fundadores. En 1939 otro gobernador,
Manuel María de Iriondo, rindió un homenaje
similar con una nueva placa.
En 1942 el sitio fue declarado Lugar Histórico Nacional,
carácter que se ampliaría a la categoría
de Monumento Histórico Nacional luego del descubrimiento
de las ruinas por Agustín Zapata Gollán.
Siglo
XX y Zapata Gollán

"Siembra"
A. Zapata Gollán - Xilografía - 1960
En 1949 Agustín Zapata Gollán, director del Departamento
de Estudios Etnográficos y Coloniales, inició
las excavaciones que pusieron a la luz los vestigios de Santa
Fe la Vieja. Los primeros trabajos se realizaron donde el
gobernador Mosca había rendido homenaje al fundador
Juan de Garay, justamente en el lugar de la iglesia y el claustro
de San Francisco.
Con anterioridad Zapata Gollán había realizado
algunos sondeos en la zona que los vecinos del lugar conocían
con el nombre de Santa Fe viejo. En esas ocasiones los pobladores
le relataban que sus antepasados habían alcanzado a
ver restos de muros, que atribuían a la primitiva Santa
Fe y donde ellos mismos -dice Zapata Gollán- al arar
la tierra o en los derrumbes periódicos de la barranca
provocados por las crecientes del Paraná, recogían
tejas, algunas monedas, medallas y otros objetos que por su
naturaleza, pertenecían a una antigua población
española.
El 28 de agosto de 1949 Raúl A. Molina, miembro de
la Academia Nacional de la Historia, junto con Monseñor
Nicolás Fasolino, Presidente de la Junta Provincial
de Estudios Históricos de Santa Fe y otros miembros
de la misma, visitó las excavaciones y pudieron verificar
que los vestigios correspondían a Santa Fe la Vieja.
Las excavaciones de Zapata Gollán continuaron durante
varios años hasta poner al descubierto las ruinas de
tres iglesias (San Francisco, Santo Domingo y La Merced),
el Cabildo y un gran número de viviendas principales,
además de innumerables testimonios de la vida cotidiana
de los pobladores del siglo XVII y los restos humanos de los
fieles que, de acuerdo a las prácticas funerarias de
la época, habían sido sepultados en los recintos
de las iglesias.
La Sociedad Argentina de Antropología y la Academia
Nacional de la Historia produjeron sendos dictámenes
en 1951 y 1952, reconociendo la autenticidad de las ruinas
de Santa Fe la Vieja.
En 1957 la Comisión Nacional de Museos, Monumentos
y Lugares Históricos declaró al sitio, que ya
era Lugar Histórico desde 1942, Monumento Histórico
Nacional.
Declaratoria
de Monumento Histórico Nacional
Por el decreto 112.765/42 el sitio fue declarado Lugar Histórico
Nacional.
Luego de la exhumación de las ruinas de la primitiva
ciudad por Agustín Zapata Gollán, director del
Departamento de Estudios Etnográficos y Coloniales,
esta declaración fue ampliada en virtud del decreto
del 25-III-1957 a la categoría de Monumento Histórico
Nacional.
Entre los considerandos de la ampliación de la declaratoria
se tuvo en cuenta que los estudios realizados por Zapata Gollán
habían permitido descubrir nuevos y numerosos testimonios
de la ciudad fundacional: los templos de San Francisco, Santo
Domingo y La Merced, el Cabildo y varias viviendas de los
primeros pobladores. También se consideró que
en el recinto del templo franciscano se habían hallado
los restos de la hija del fundador y de su esposo el gobernador
Hernandarias de Saavedra. La fundamentación tuvo igualmente
en cuenta que la Academia Nacional de la Historia había
dictaminado dos veces por el voto unánime de sus miembros,
que las ruinas descubiertas correspondían a la primera
ciudad de Santa Fe.
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